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Patacón con hogao.

Es menudo y aparenta una cierta fragilidad de asmático. Se llama -pongamos que M- y tiene 17 años. Vamos en un bus de Armenia a Salento, un pueblo de la zona cafetera colombiana donde vive con su tía, su prima de once años y su hermana de siete. M revisa su teléfono a menudo. “Tienes Internet en el teléfono”, le pregunto. “No, no puedo permitirme eso. Tampoco tengo en mi casa. Mi tía vende arepas y eso nos da justo para sobrevivir”.

Museo Casa de la Moneda.

“Si yo te hubiera de pagar, Sancho -respondió don Quijote-, conforme lo que merece la grandeza y calidad de este remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote”.

De lejos, Cerro Rico no aparenta su grandeza. Para unos ojos ajenos es simplemente una colina en forma de pirámide que domina una parte de la ciudad; una montaña más de los Andes de tonos rojizos mezclados con verdes. Así la ven mis ojos ajenos, ignorantes de que ese Cerro Rico llenó a Potosí de gloria y la hundió en la miseria.

Vida en familia

El autobús va repleto de cajas, bultos y paquetes con frutas y fideos. He pagado 60 bolivianos (casi nueve dólares) por un viaje de 12 o 13 horas hasta Oruro, una ciudad de la que no he escuchado jamás hablar. Desde allí he trazado la ruta: Potosí, Sucre, Cochabamba y finalmente La Paz. El bus [...]

perro

Tres kilómetros separan la frontera chilena de Bolivia. La carretera de tierra lleva de un mundo a otro sin notarlo. No se sabe dónde empieza uno y acaba el otro. No hay un cartel de bienvenida, un saludo, un gesto caluroso; tal vez un presagio de lo que iba a encontrar luego. La única diferencia perceptible [...]

dedo

Me prometí hace diez años que jamás volvería a coger botella, a hacer autostop, a pararme en una calle, en una carretera, debajo del sol, jugando a la seductora. Me lo dije y me lo repetí cada mañana en aquella esquina de Lacret, en La Habana, donde trataba de ‘coger algo’ para ir  trabajar. Era [...]

carretera

Hay pocas cosas más inesperadas que llegar a un desierto bajo la lluvia. Y no hablo de una lluvia fina, hablo de un torrencial aguacero, que empapa, que inunda. Hay lugares en el desierto de Atacama donde jamás llueve y otros en los que llueve en enero cada 25 o 30 años. Pero tocó este [...]