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Es verano en Argentina y ni siquiera ha salido el sol. Hace un año andaba yo por Inglaterra con este mismo no sol, con cielo gris, cuidando de niños para pagarme las navidades en este lado, cargando con una vida que no era la mía con la esperanza de un futuro mejor.

No es precisamente hoy un buen día para acampar, ni para estar en un camping, no sólo porque no hay sol, amenaza con llover. Estoy en Cafayate, provincia de Salta, norte argentino, donde hasta hace dos días me moría de calor. En el camping somos unos pocos y el pueblo está desierto. No hay un café abierto, una tienda, y en la plaza principal no hay un alma. Es mediodía, es Navidad y no hay gente ni a las puertas de la iglesia. Este año no hay desayuno inglés ni cena de Navidad. Este año toca una cerveza Salta y una imitación de asado argentino .

La Navidad es como otro día cualquiera. Yo he vivido 25 años sin ella, sin ver un árbol, una luz de más. En mi casa había una caja cuadrada donde mi abuela escondía las luces y los adornos del árbol que ponía cuando mi madre era niña. Aquella caja era una reliquia, llevaba guardada casi 20 años, toda la etapa en la que la algarabía navideña estuvo prohibida en Cuba. Algunas luces ni funcionaban, pero todavía quedaban muchas bolas y el algodón que hacía de nieve.

Lo que me produce la Navidad no es alegría ni apatía, es la terrible constatación del paso del tiempo y un vacío a la mesa cuando otros andan acompañados en las suyas de madres, tías, abuelas o primos. Muchos a regañadientes, sin querer estar, pero mi caso es todavía peor, yo llevo diez años sentada en mesas de otros, escuchando historias y canciones que no eran las mías, viendo regalos que nunca eran para mí.

Yo no es que quiera la Navidad, es que quiero parar el tiempo, que los míos no se vayan tan deprisa, que las abuelas duren para siempre en un deseo egoísta de perpetuarme niña-adolescente. Hay un tiempo en el que empezamos a quedarnos como únicos testigos, y ya se sabe que las historias no existen si no hay nadie para compartirlas. Yo no es que quiera la Navidad ni los Reyes Magos, pero tampoco quiero tener estas ausencias cuando otros se acompañan. Es el vacío que producen las comparaciones.

Santa Claus ha pasado por aquí y me ha dejado dos regalos, un anillo con una margarita disecada y un pendiente, largo, tal vez una metáfora de mi vida. Hay que atreverse a llevarlo solo. Es un pendiente sin pareja, que se basta solo. El problema es dónde usarlo, a la izquierda o a la derecha.



  1. Renay (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

    El polvo del Camino tiene a veces un deje amargo! A mi me ha sucedido en ciudades llenas de luces.. y gente alegremente anónima y distante. Que el mundo es ajeno y ancho!. Suerte!!.. y bajate el 1ro al Paraná y nos hacemos un asado! con gente con swing!!

    • Mai (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

      Pues sí, el mundo es ancho y ajeno. Son estos días de fechas los que me ponen a pensar porque son como marcadores del tiempo. Un año más, y más de lo mismo. Estarás deseando llegar. Gracias por leer estas cosas…hasta pronto

  2. Natasha (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

    ¿Qué quier que te diga, amiga? A mí me han encantado el anillo y el pendiente. Y para que veas esa costumbre humana de quejarnos y compararnos, yo casi cada año desde que estoy en este viejo mundo, sueño con unas navidades en el polo Sur, y esperar el año con ropa de lino. Con lo cual, te ruego (¿te ordeno?) que disfrutes de la sal y la pimienta de tu propia y diferente Navidad, algo habrá que contarle a los nietos o a los sobrinos, ¿no? Recibe un cuádruple abrazo camagüeyano desde el Mediterráneo.

  3. Natasha (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

    Jajaja, he dicho polo Sur? Sorry, quise decir cono Sur.

  4. Melvis (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

    Maire…siempre te dije que tenías una manera especial de contar y que tu Blog iba a gustar mucho. Gracias mijita (no quiero decirte Hija ni por casualidad)
    Te cuento y sabes que para “Nosotros” (por la parte del padre valga) la Navidad no significa más que una costumbre de “afuera”, ni entendemos bien, ni nos gustan los “árbolitos” ni esperamos regalos. Nosotros 4 te estamos esperando siempre en la mesa, en la casa, en el correo, por FB, en el BLOG…aquí en Infanta y Manglar tienes tu espacio (aunque no tengas cama) para compartir cuando quieras…este año para Nosotros pasó así entre una tortilla apurada que me hice a las 8 de la noche y un pescado que asó tu padre y y estuvo a la una de la madrugada y nadie lo comió ese día.
    No tuvimos un año bueno, sobre todo por la muerte de Tomás, yo especialmente tengo pena de ver a Melita…el año nuevo si lo esperamos queriendo estar más alegres pero tampoco lo logramos.
    Creo que cuando llegues a Cuba celebreremos la Navidad, no importa el mes, el día o la hora. Cuando estas todo cambia por en La Habana. Un beso

  5. alicita (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

    Mi prima querida al escuchar estas historias ,recuerdo nuestra ninez, hasta se me ha echo un nudo en la garganta leyendo esta historia tuya de la navidad en argentina ,como me gustaria estar mas cerca de ti ,darte un beso y apretandote bien fuerte ,aunq se q ser carinosa nunca fue tu fuerte y decirte mi prima quiero q compartas aunq sea en el camino la navidad conmigo .

  6. alicita (Responder) el domingo, 25 de diciembre, 2011

    Prima deseaba decir hecho no echo.sabes q no me gustan las faltas ortograficas.