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Con las ciudades me ocurre como con los hombres, si no hay amor a primera vista será muy difícil que me quede. Puedo enmascarar y engañar los afectos con admiración, respeto, antigüedad, pero no funcionará y terminaré levantando el campamento, antes o después. No hay razón que pueda con ese instinto, esa emoción primitiva. Prefiero los lugares que no se explican, que no presumen, que no hay que estudiarlos para entenderlos; los lugares que te hablan. Y esos lugares son contados, como los amores.

Salvador de Bahía se hace querer de inmediato en su humildad de reserva negra esclava. Se respira el tambor, el ritmo, la herencia del candomblé* venido de Angola y Congo y sus orixás++ dando vueltas. Salvador es la Habana Vieja y el Cerro juntos. La Habana Vieja es su Pelourinho, con casitas  y edificios coloniales de colores, a medio arreglar, y también Trinidad en sus adoquines. El Cerro está en las calles que conducen al centro histórico, llena de ferreterías como si estuviéramos en la calzada de Jesús del Monte.

Salvador no es Río ni quiere serlo. El mulato aquí no necesita quitarse la camisa para provocar. Aquí pocos pretenden, nadie parece querer ser lo que no es. Salvador fue capital, luego vino Río y se cogió la fama. Salvador no tiene la suntuosidad de Río, ni la riqueza repartida por barrios, ni tipos esculpidos en gimnasios. El 70% de lo que es son favelas, y coronan cualquier barrio de clase media. Son las últimas capas de la cebolla. En Río, las favelas no están dondequiera.

La belleza de Salvador se la lleva su barrio colonial, el Pelourinho, en la Ciudad Alta; luego en la Baja, el Mercado Modelo, con puestecitos de artesanía y al que se baja por un elevador gigantesco. Poco más. Salvador carece de símbolos, de íconos, aparte del tambor, la capoeira y de leyendas en la forma de Gilberto Gil, Jorge Amado, Glauber Rocha, Gal Costa, y otros bahianos emigrados, Caetano Veloso y su hermana. No tiene marcas como Copabacana o Ipanema, pero sí un mar salvaje, cristalino, arena mulata, playas incluso más hermosas aún sin etiquetar. Su inmensa Bahía de todos los Santos, la más grande de la costa brasileña, invita más que Ipanema. Es obligado esperar el atardecer junto al Faro de Barra. Su malecón, ni muy ancho, ni estrecho, nos basta para los que vamos.

Salvador tiene mucho enterrado, vale más por lo que calla y esconde. Y una lo siente. La herencia negra cambia la cara de la ciudad e influye en el modo de estar en ella. Después de bajarme del barco en Belem, donde el brasileño es más áspero, llegar a Salvador fue un alivio. Es un pueblo alegre, y eso se mide por las veces en que la gente sonríe, se para y te saluda, por lo mucho que quieren explicarte. Es un pueblo mezclado, café con leche, blancos, mulatos, afrobrasileños ( descendientes de africanos a los que por una extraña razón no llaman brasileños).

No hay tumbadoras como las mías

Ellos, los negros, son los reyes de los tambores. Pero con todo mi respecto, las batucadas de Salvador no suenan como las tumbadoras cubanas; el toque es más tosco, con un palo, más de pegar que de acariciar, no tiene la sutileza de la tumbadora. Diferente son las mulatas de Bahía, la danza de sus caderas,  mucho más sutil, sugerente.

 

No hay un blanco detrás de un tambor, a los blancos tampoco les gusta el candomblé, no es cosa de ellos. Como el resto de Brasil, el catolicismo domina en Salvador con tantas iglesias como días del año. Además de católica y negra, Salvador tiene de protestante, y las casas evangelistas están por todas partes. Con un ex evangelista nos quedamos cinco días, Frederick, profesor de Física y Metafísica en una universidad.

El día que llegamos, después de 32 horas de autobús y otras siete dormidas en una silla de la estación, nuestro anfitrión nos recogió e invitó a acompañarle a una teleconferencia en un centro de entrenamiento para profesores.  Y ahí estábamos nosotros, cabeceando, sentados al final del aula que nunca se quedó a oscuras. Una cubana y un inglés sin entender una palabra de portugués y tratando de atender cuando mi amigo intervenía. Hablaban creo de incorporar las nuevas tecnologías, lo habitual.

Freddy, anfitrión en Salvador

A partir de ahí Freddy nos recomendó lo que debíamos ver y lo que no debíamos hacer en Salvador. Lo más importante, nunca regresen después de las 6 de la tarde andando a casa. Como en Belem se nos advirtió de que evitáramos caminar los domingos, aquí, si te dan las 6, hay que tomar un taxi de vuelta.

Así que si vienes a Salvador cógete un taxi de noche, camina el Pelourinho sin tacones, siéntate a ver el atardecer en la playa, prueba la moqueca de peixe, la carne do sol, el acarejé, los sucos, los salgados, un cafezinho. Y como Salvador tiene de Cuba, imperdonable no comerse un helado en A Cubana, la primera heladería de la ciudad. La abrió en 1930 un cubano que emigró y luego de hacerse rico y famoso traspasó el negocio y se volvió. Supongo que tenía demasiado Cuba alrededor.

*Candomblé: Es una religión sincrética que comenzó en Brasil gracias al conocimiento de los sacerdotes esclavizados y traídos desde África junto a sus orixás, su cultura y sus dialectos entre 1549 y 1888. No debe confundirse con otras religiones afroderivadas como el vudú haitiano, la santería cubana o el Palo Mayombe.

++ Orixás: En la mitologia yoruba, un orishá, orisá u orichá es una divinidad hija y manifestación directa de Olorum, su Dios. 



  1. IDANIA MEJIAS (Responder) el lunes, 3 de octubre, 2011

    Hola mi querida”queca”. Esta increible tu pagina, me encanta como escribes, transmites muy bien tus sentimientos y lo que ves, sencillamente fascinante. Tu foto en la portada, espectacular, luces”intelectualoide”. Creo que el blog deberia tener una version en ingles que te corrigiera” el palido”.
    Muy buenas fotos. Cuidate.Un beso.
    i

  2. Fred (Responder) el lunes, 3 de octubre, 2011

    Hola Mai,
    Congratulations for your delightful text about Salvador. I loved read it. I like of your righting style. Thank you for share your precious and particular impressions. Was a pleasure to host you in Salvador. I hope you you and Pete again some day.