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Se llamaba Tomás y era mi tío, aunque sólo lo había visto en fotos porque cuando se fue de Cuba yo debía tener cinco o seis años. Tomás era el hermano mayor de mi papá y al que todos esperábamos de visita desde que tengo uso de razón. La casa de mi abuela, la sala, los cuartos, no se pintaron en veinte años por si Tomás venía  a visitarnos encontrara las mismas figuras geométricas que él había hecho antes de irse, cuando se usaban las paredes con rodillos. Había una pared de la sala que me gustaba especialmente, azul celeste, amarillo y marrones, con rayas que organizaban los tonos.

Pero un día la familia decidió que cambiaría los colores de las paredes, mi abuela aceptó resignada aunque nunca dejamos de esperarlo.  Todavía vivía mi abuelo Tomás cuando mi tío se fue, creo a inicios de los ochenta. Para evitarse actos de repudio y correderas, le dijo a mi abuela y a todos que él se iba a cumplir una misión como doble agente. Llegó a Jamaica, a Kingston, y luego se mudó a San Juan, en Puerto Rico. Y así empezó la leyenda de mi tío Tomás, las fechas, los regresos, las visitas aplazadas, las esperanzas de que este año sí viene.

Mi tío era el más alto de los tres hijos de mi abuela, el más atractivo, el que más mujeres conseguía. Comparado con mi padre era un hombrón. Muchas veces mi abuelo tuvo que dar la cara y salir corriendo a avisarle a mi tío de que la novia oficial lo esperaba en la casa mientras él jugueteaba con otra  donde vivía mi bisabuela, a unos pocos metros.

Mi tío Tomás mandaba cartas largas contándole a mi abuela de su nueva vida. La letra era impecable, perfecta, simétrica. Mi abuela guardaba sus cartas y le contestaba. Otros en la familia nunca le escribieron,  por entonces mantener algún vínculo con un familiar en el extranjero podía costar caro. En las cartas siempre hablaba de algún negocio nuevo, de la prosperidad que empezaba, de un restaurante vegetariano que abrió cuando yo ni sabía muy bien qué significaba eso. De vez en cuando nos mandaba cositas. Escribía los nombres y encima le ponía un trozo de scotch tape para que no se borraran. Yo aparecía en las cositas con el nombre de “Hija de Bury”.

Yo creo que mi tío siempre me quiso  aunque no me conociera de nada. Cuando mis padres se divorciaron le pidió a mi padre que se ocupara de que yo no me quedara en territorio de nadie, justo donde treinta años atrás había dejado a su hija pequeñita en Cuba. El año pasado fui a visitarlo a Orlando, en la Florida, adonde hacía poco había llegado de la mano de una señora elegante que conoció en Puerto Rico y mayor que él.  Estuvimos cuatro o cinco días juntos, recuerdo aquel primer abrazo del encuentro, de cómo se lanzó sobre mi cuello llorando sin pudor  y yo sentí vergüenza ajena. No supe cómo responder, se me ocurrió decirle que se estaba poniendo viejo.

Y sí, estaba viejo, ya no era aquel hombre enorme, ahora se parecía más a mi abuelo. Casi no tenía pelo,  ni dientes y, por alguna extraña razón que no me explicó, se teñía el bigote. Hablamos mucho, me contó de sus penas, de  las glorias pasadas, de cómo lloró la muerte de mi abuelo, de lo que le tocó sufrir.  Me dijo que él y la nueva mujer con la que estaba ahora planeaban viajar a Cuba pero él quería ir cuando tuviera no sé cuánto dinero porque tampoco se iba a aparecer con las manos peladas después de tantos años. Que él quería arreglarle la casa a mi abuela, alquilar un carro para ir de La Habana a Camagüey y hospedarse en un hotel “bueno” porque la nueva mujer era una señora fina y no la podía meter en cualquier lugar.

Pero mi tío no tenía un centavo, no me lo dijo pero se veía. Por el vino barato que bebía, porque desde que llegué no paró de jugar a la lotería por si acaso le tocaba algo; tenía hojas y hojas de probabilidades para apostar. Mi tío no trabajaba, ni siquiera vivía de una pensión, pero cuando hablaba lo hacía en plural como si los méritos de aquella mujer elegante y mayor con la que apenas llevaba meses fueran también los suyos. Como si su dinero fuera también suyo. Y los coches y los sofás en los que posaba.

Mi tío vivía en otro mundo, su mundo; decía mentiras como un niño, no para alardear sino por vergüenza, o porque tal vez acabó creyéndose la vida prestada, la imaginada, de la misma forma que seguía pensando y reviviendo la música y el Camagüey que dejó. Me cocinó tamales, frijoles, recetas de Puerto Rico mezcladas con Cuba, llenó el refrigerador con comida cubana para mí. Bebimos muchas botellas de vino mientras pasaba revista a su vida. Me habló de cómo eran los jamaicanos, me enseñó el poco inglés que sabía después de 30 años viviendo en una ex colonia de los Estados Unidos, de cómo se levantaba a las mujeres en los bailes, de sus tropiezos con la madre de sus otras dos hijas mellizas, de su fracaso con el restaurante vegetariano que se quemó y por el que nunca, al parecer, le indemnizaron.

En estos treinta años sólo mi abuela y yo le hemos visto. Mi abuela fue a visitarlo hace unos 15 años a San Juan. Hoy tiene 94 años y aún sigue esperando por Tomás, dice que se morirá después que lo vuelva a ver, ajena a que mi tío lo encontraron muerto hace unos días y se cree que llevaba así varios días.  Triste final el de morir solo, sin nadie que te coja la mano, sin un beso, un adiós.

Mi tío Tomás está ahora en una morgue común de Orlando, en frío artificial, esperando a que su familia en Cuba autorice a tener acceso a los resultados de la autopsia y a que sea incinerado. La última vez que hablamos fue hace diez días, andaba inspirado y me escribió estos versos:

“Tal vez hizo un día, y la vida comienza mañana
avanza impertérrita y serás invulnerable,
que nada impide luchar con entereza cuando nosotros;  los vagos
seamos los dueños del mundo.
Camina esqueleto, camina,
adelante vieja fragata
que algún día serán gallos y gallinas los pollos de Pork Head.

Saludos, Turey con aires proféticos…”

Después le pregunté si sabía para cuándo los vagos gobernarían el mundo pero nunca me respondió.



  1. Natasha (Responder) el miércoles, 2 de noviembre, 2011

    ¡Joder, Mai! Se me atragantan los adjetivos. Solo puedo decir “Un brindis por Tomás (¿otro perseguidor de sueños?) “.

  2. Melvis Sarduy (Responder) el miércoles, 2 de noviembre, 2011

    Preciosa crónica Mayre…muy sentida y humana…sobre todo porque no hablas de un hombre “lleno de virtudes” después que murió, sino que cuentas del tío, del tío que te tocó y tuviste la suerte de conocer, el Thomas ausente de la familia, el tipo que comenzó a escribir su nombre en inglés porque fue a vivir a Estados Unidos.

    Lo pintas tan humano como fue y es tu homenaje. Gracias Mairelys

    A mi Tomás no me gustaba desde que entré en la familia hace 25 años, por las mismas razones que enumeras y sobre todo ” no le perdono hasta ahora” que no viniera con un “jolongo vacío” a despedirse de su madre que se niega a irse de este mundo sin verlo nuevament. Por las lagrimas de Esteban y las preguntas de mis hijos sin responder. Sin embargo hace algo más de un año comenzamos a tener una correspondencia muy fluida, muy familiar, muy sincera, “entre nos” porque acá ni el propio Bury sabía de tan linda relación de amistad, por suerte todos las cartas quedaron guardadas y hay cosas dignas de publicar: 261 mensajes entre nosotros quedaron guardados en la memoria de FB. Y hoy las repaso para contar algunas cosas de Tomás.

    07 de junio de 2010 /Tomás y yo nos hicimos “amigos”, fue cuando en agradecimiento a mi respuesta me dijo “Siempre que tengas tiempo pues escríbeme algo que como dice el dicho: al desnudo cualquier ropa le sirve”. En esta primera carta ya me di cuenta que estaba solo irremediablemente y que nunca se había ido totalmente de Cuba, que vivía en una dimensión irreal, que era un hombre bueno e incomprendido, juzgado y sensurado por muchos.
    el 18 de octubre del 2011 Tomas me felicitó por mi cumpleaños y me elogió la bonita casa que teniamos y las buenas fotos que pbliqué, el día 21 de octubre me dejó un breve mensaje. Chao. Adios. Luego comencé a preocuparme por “el presentimiento” y la angustia de Esteban hasta la fatal noticia…

    Un dia le conté a Tomás que era de Vertientes y me respondió con esta joya de crónica que les dejo a ustedes y que dice tanto de sus Nostalgias, angustias, recuerdos…
    ………………………………………………………

    “Melvis me dio mucha alegría tu contesta. Pero para que sepas yo conozco a Vertientes desde hace muchos años. Alfabetice en la colonia El Brazo, allí viví entre fango y agua y solo podíamos salir en un Motor de línea.

    En los Almacenes del Central dormí entre sacos de azúcar como tres noches. Había para los años 60 un Comedor Obrero. Conozco la Fela , y la Fela 2, La Reparación, Brazo uno y Brazo dos, y viendo una foto que estas con tu familia a lado de la línea que se ve que hay caña a ambos lados, me recordaste muchas cosas.

    Tenía yo 12 años y me gustaba ir a Aguilar para coger el tren e ir para Camaguey. En Aguilar me comí las mejores panetelas de mi vida. Ir a Aguilar era como ver la civilización….En el Brazo se daban los mejores juegos de pelota de Manigua que yo he conocido…Jamás olvidare esos días de campo donde también tuve mi primera novia…Desde ahí hasta Santa Cruz en el barrio Canta Rana…..luego más tarde conocí Santa Cruz pues trabaje en la pesca, y todavía huelo ha pescado…Muchos de los integrantes del grupo musical Armonías de Vertientes fueron mis amigos, incluso una noche en el Club Maracas allá en el aeropuerto , me tocaron mi numero predilecto, Con Bombín y con Bastón….conocí a Rene….el flautista. Nada se me olvida de aquellos campos de caña, del ruido de la locomotora de vapor, de la chispa, de la Cigüeña, de las pesas de cana, del rumor de los haitianos, de las carretas de bueyes atascadas, de los tractores ,de los arados, y algo que yo solamente sé, El Olor de un batey de un Central, el pito del Tren, y tomar guarapo hasta que ruede por el ombligo….

    Una noche yo fui a un baile con Montelier ( preguntale a Bury quien era Montelier) y nos dio las 6 de la mañana para regresar a Camagüey….Desde aquí percibo el ruido de los trenes y las jaulas de caña y el Tándem, los camiones cargados de cana, el olor del Batey la terminal de los trenes, donde vendían chicharrones, raspaduras…recuerdo los teléfonos aquellos que se discaban uno largo y tres cortos……Quien habla? Bury de estas cosas no sabe mucho, eso hay que aprenderlo en el monte….Me agradaría mucho si te das por entendida de esta conversación que he tenido contigo.

    Creo que abriste una valvulita de escape. Realmente no me gusta el protagonismo y no veo razón para divulgar, pero te cuento y me siento mejor con los recuerdos que me entran por todos los sentidos. Hoy fui a Inmigración y ya casi todo está resuelto, tengo que resolver esta deuda con ustedes y conmigo.

    Como ves detrás de mi hay un poeta andante, un alegre, un sufrido y todo he podido conjugarlo como la cojera de un perro ( no dura más de 5 minutos) Comprendo que para aquella época tu tenías más o menos 3 o 4 años. Como te dije en los almacenes de azúcar del Central tuve que dormir entre ratones arriba de los sacos de azúcar como 5 días hasta que nos ubicaran en algún lugar donde nos señalaran para alfabetizar.

    Me toco la colonia El Brazo. Un Batey lleno de esa vida de campo, de lunas llenas casi tocando los campos, de lluvia de fango y el único ruido eran los ladridos de los perros y el traqueteo de los motores de línea, que venían desde San Carlos y Vertientes. Solo radios, allí no había televisión…

    Te hable de los juegos de pelota de manigua porque era el único entretenimiento los domingos….Venia el team de la Fela que era muy bueno, y cuando la cosa era de altura invitaban a un team de Camaguey que se llamaba El Avellaneda…Cuando los batazos eran muy grande la pelota iba a caer a los campos de caña y como solo habían si acaso dos pelotas, había que esperar a encontrar la pelota para que el juego prosiguiera..

    .El Brazo, tenía unos buenos peloteros. unos pichones de haitianos que median como 6 pies…..luego el Umpire era del Brazo….y después que se acababa el juego se hacía un chilindrón que salía del dinero de los peloteros…Había una pesa de caña y las historias de los pesadores , luego las corrobore en Puerto Rico y eran iguales todas. Solo favorecían a la compañía para donde trabajaban y el los vales le tumbaban las arrobas…

    Había una tienda que se llamaba la Comercial, que tenía unas neveras marca Vocero que nunca se me olvida…Un solo teléfono para todo el batey que tenía una combinación de oído, es decir había que estar atento todo el día y la noche , para cuando dieran tres timbrazos largos saber que alguien estaba llamando…A más de uno lo mataron los truenos …Cuando llovía aquello era el carajo, tierra negra, más los cascos de los caballos que se amarraban afuera en la tienda y el tiendero tenía que recoger todo aquel fango con una pala….Allí en El Brazo vi por primera vez las latas de carne rusa, una china de puerco que se llamaba Peiling, y vine a concer El fusil R-2 Checo que le dieron 6 a la cooperativa para defenderse de la quema que intencionalmente la contra hacía en sus pininos con los cañaverales…Luego vinieron la avionetas etc. Tenía yo 12 o 13 años, dos calzoncillos, dos mudas de ropa y una toalla. Un farol y varias cartillas para ensenar….A propósito has visto la película el Brigadista ? Sino véala que eso es la copia del carbón.

    Solo que les faltó que como recompensa nos dieron una chequera para dos pesos por mes que para cobrarlas era una jodienda más 15 pesos que Melita nos mandaba. Allí fueron Melita y Ramírez a verme. Dormía en una casa de Bautistas pero; muy buena gente y me levantaba a las 5 de la mañana pues yo dormía en la cocina y el hombre se levantaba a colar café, Daniel Feut, tenía 3 hijas hembras imagínate…

    Allí tuve mi primera novia se llamaba Esperanza Satander. Dentro de los haitianos que alfabetice había una viejita que se llamaba Filoosyen…Siempre me daba platanitos manzanos y cuando no entendía nada me decía que le dolía la cabeza, hasta que al fin le gestione un par de espejuelos…De Vertientes tengo muy buenos recuerdos como te dije. Que rico se comía en el comedor obrero aquel….El pito del Central, el pito de las locomotoras, el ruido de los camiones, el olor a miel de purga….Aquí cerca de la casa yo voy a comer a una Pizzeria que es mi predilecta pero Lillian no sabe por qué ? Y es por que pasan los trenes de carga y de pasaje y se parece mucho al paradero de Vertientes. Solo que aquí no hay ese ambiente de vender dulce de coco, chicharrones etc.. pero; yo me le acerco, y Lillian me pregunta por qué vas para allá…Le doy una respuesta pero yo solo voy a oler , ese olor que dejan los trenes cuando frenan en la línea….Desde donde vivo los oigo pitar en la noche igualitos que allá …y siento como las musarañas me caminan por la cabeza. En aquel Batey las mujeres no tenían pintura de uñas, nada de tintes para el pelo, no había perfumes, no había cine, no había televisión, los periódicos llegaban con dos días de atraso. no habían médicos más que en Vertientes, no había parteras, de noche sacábamos por la línea en una Ciguena ( no se si sabes lo que es ) a las mujeres de parto o algún herido, o alguien con un dolor, , las mujeres no tenían prendas y como siempre si tenían un reloj nunca estaba en hora. Solo 4 o 5 milicianos que creíamos que el mundo se iba a acabar….El comunismo….La patria
    Suerte que yo tuve de leer un libritico de los primeros que salieron que se llamaba Hombre de Campo cuando solo tenía 11 años….Sin embargo aquel batey los domingos era bello…Las mujeres se cosían entre ellas mismas y lucían bellísimas…Solo con un lápiz de cejas y algo que le llamaban colorete….Era la belleza natural…El romanticismo era una idea fugaz. allí si se filtraba la Luna entre la caña….No había sabiondos, ni siquiera había bailes , solo trabajo, peste a sudor, peste a grajo, peste a la vida, pero; todos sabíamos asimilar lo que cada le proporcionaba al otro. Con amor. Sin hipocresía, como que daba la sensación que no nos hacía falta más nada….Aquel amor sin olores todavía tiene sus raíces en mí. La bondad y el cariño de aquellas personas viajan conmigo siempre, como el más aromático olor que tiene un campo de caña acabado de cortar…Pobre del que no conoce y sufre estas cosas….
    Saludos y gracias por este escape…ttttttttt