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Patricia mira por la ventana de una ruinosa casa en el barrio de Dollis Hill, en el noroeste de Londres. Ella, que está a punto de cumplir 40, sabe que no debería estar allí, en esa ruinosa casa que comparte con cuatro más.  Patricia sabe que debería estar en otro lado, en una casa propia o en alquiler, o en un estudio; a solas o con un hombre bueno; con uno o dos hijos.

Patricia ha perdido güiro, calabaza y miel; no necesariamente en ese orden. Patricia mira por la ventana del salón que da al patio. Hay dos gatos gordos, son los mismos que a menudo se cuelan por las tardes y suben al techo de plástico que cubre parte del salón de la casa. Cuando uno de los gatos camina por encima del techo parece que el mundo se acaba debajo.

Patricia sigue sentada mirando por la ventana que da al jardín. Ese día no sabe que acabará internada en la habitación número tres de la unidad mental del hospital de Ealing Broadway. Su internamiento ocurrirá mucho después de esa tarde en que ella mira por la ventana. En la habitación número tres hay otras dos mujeres. Una de ellas lleva rastas, es alemana y se está quedando calva. Dice Patricia que la chica oye voces, que tiene algo parecido a la psicosis.

Pero volvamos a cuando Patricia no estaba en una unidad mental de un hospital de Londres. Volvamos al momento en que comenzó su desajuste con la vida.

Patricia está ahora desajustada porque:

  1. Patricia tuvo un novio que tenía los ojos de un azul infinito.
  2. Hace ocho años Patricia era fuerte, vigorosa, acabó enamorándose del chico de los ojos azul infinito y empezó con él a ver el mundo.
  3. A Patricia se le fue olvidando Patricia y solo quería estar con el chico de los ojos azul infinito.
  4. Patricia empezó a empequeñecer y para entonces no pensaba en otra cosa que no fuera aquel hombre de ojos azules infinito.
  5. Patricia se iba llenando de los miedos que tiene la gente cuando empequeñece.
  6. Patricia, ya pequeña, solo piensa ahora en cuando el chico de los ojos azules infinito la deje.
  7. Patricia terminó de empequeñecer con la ayuda del chico de los ojos de un azul infinito.
  8. Un día el chico de los ojos de un azul infinito se marchó porque nadie quiere estar con un ser empequeñecido, que se parte al tacto.
  9. Fue entonces que Patricia, que ya llevaba cinco años desajustada con la vida, empezó a pasar tiempo en la ventana de aquella ruinosa casa cercana a la colina de Dollis.

Un día Patricia dejó de respirar bien, de bañarse. Ese día en que Patricia dejó de respirar bien nos dijo a varios que todo el mundo, incluyéndose ella, se suicida alguna vez en la mente.

A día 19 de Diciembre de 2016 Patricia sigue en la habitación tres de la unidad mental del hospital de Ealing Broadway, una mole de cemento gris escondida detrás de un largo camino de árboles.



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